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«En una época marcada con demasiada frecuencia por la división y la retórica agresiva, se necesitan urgentemente profetas de la armonía que busquen tender puentes y reconciliar posturas opuestas, siempre que sea posible». Es una invitación a promover la unidad y la caridad la que el Papa León XIV dirige a los Caballeros de Colón, reunidos estos días en Denver, Colorado (EE. UU.), para la 144.ª Convención Suprema.
Mediante un videomensaje, el Pontífice asegura su cercanía espiritual a quienes participan en estos días de "diálogo, fraternidad y oración", con el lema En Él, que es Uno, somos uno.
Diálogo humilde para preservar la unidad
Centrándose en el lema, el Papa recuerda que en la Última Cena, Jesús oró por sus apóstoles para que todos fueran uno: «Un don», el de la unidad, que pidió que también se concediera «a quienes creyeran en él». «Sin embargo», señala, «preservar la unidad no siempre es fácil y no se puede dar por sentada. Hay que cultivarla activamente mediante un diálogo sincero y humilde». Por lo tanto, el Papa León anima a «dar testimonio de esa armonía que Jesús tanto anhela en sus familias, sus vuestras parroquias y en las comunidades más amplias en las que viven y sirven».
La caridad, un poderoso medio para fortalecer la comunión
Las obras de caridad, subraya el Pontífice, «a menudo pueden ser una forma de promover la unidad». Cuando «actuamos para ayudar a los necesitados, suele surgir una cierta armonía entre quienes dan y quienes reciben», y entre quienes «colaboran para ayudar a sus hermanos y hermanas». «La caridad», enfatiza, «se convierte así no solo en una respuesta al sufrimiento humano, sino también en un poderoso medio para fomentar la fraternidad y fortalecer la comunión que está en el corazón de la vida cristiana».
Los niños no nacidos, los cristianos perseguidos, los pobres
«Siguiendo la labor iniciada por su noble fundador, el beato Miguel McGivney», recuerda León XIV, «ustedes, Caballeros de Colón, han trabajado juntos durante más de un siglo para mostrar el amor de Cristo a los no nacidos, a las mujeres embarazadas, a los cristianos perseguidos, a las víctimas de la guerra o la trata de personas, a los pobres y vulnerables, y a quienes viven al margen de la sociedad». Mediante diversas iniciativas, tanto a nivel nacional como internacional, «innumerables personas se han beneficiado de su bondad».
“Por mi parte”, concluye, “expreso mi profundo agradecimiento por la continua generosidad de su Orden hacia los menos afortunados, y confío en que sus esfuerzos seguirán dando frutos durante muchos años más”.

