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4-ago.- martes de la 18.ª semana del T. O.

Estad atentos frente a los cristianos, ya sean laicos, sacerdotes u obispos, que se presenten como ‘perfectos’, rígidos.

Amanecer del martes, para alabarte, bendecirte y darte gracias por nuestro segundo día de la semana. Nuestro corazón se dispone a tu divina voluntad para amar y servir a nuestros hermanos con sentimientos de generosidad y disponibilidad. 

Día muy especial en el que conmemoramos a san Juan María Vianey, nacido en Dardilly en 1786, conocido y llamado como el “santo cura de Ars”, un pueblito francés al norte de Lyon en Francia. Un campesino de mente rústica que se aplica muy bien a las palabras de san Pablo: «Dios ha escogido a los más insignificantes para confundir a los grandes». Pese a sus limitaciones fue uno de los más famosos confesores de la historia; durante más de 40 años cada día celebraba, predicaba y catequizaba; confesaba a los pecadores, con ardiente caridad, oración y penitencia sustentado en la eucaristía. Nuestro santo cura de Ars, fue un ejemplo de humildad, de sencillez, de perseverancia y ante todo hombre de paciencia. 

En este día les pedimos humildemente una oracioncita por cada uno de los párrocos para que, iluminados por el Espíritu Santo, seamos dóciles a su acción y nos conceda palabras de sabiduría, inteligencia y el don del Consejo para orientar a los que se acercan a nosotros. Danos la gracia de tu amor para saber comprender hoy tu palabra, que nos indica, que no mancha al hombre lo que entra por la boca, sino lo que sale de la boca. Palabras sabias que nos ayudan a saber entender que tenemos que pensar para hablar y no hablar para después pensar.  danos un corazón dócil a tu palabra que no seamos guías ciegos, sino que tengamos miradas esperanzadoras para poder guiar a otros..., bendícenos, guárdanos y protégenos y elevemos oraciones por todos los sacerdotes, especialmente por los párrocos. Abrazos y bendiciones. 

Feliz martes vocacional y servicial.

Palabra del Papa

El papa Francisco llamó a los cristianos a permanecer atentos frente a los fariseos de hoy, laicos, sacerdotes u obispos, más preocupados por los preceptos que por las personas. “Estaban, por decirlo de un modo, ‘almidonados’. Eran rígidos. Y Jesús conocía sus almas. Esto nos escandaliza porque ellos se escandalizaban de las cosas que hacía Jesús cuando perdonaba los pecados, cuando curaba en sábado. Se rasgaban los vestidos y decía: ‘¡Oh, qué escándalo! Ese no es de Dios porque hace eso’ Francisco señaló que a esas personas “no les importaba la gente, sólo les importaba la Ley, los preceptos”. Este fragmento del Evangelio sirvió al Papa para advertir a los cristianos de hoy que estén “atentos ante los rígidos. Estad atentos frente a los cristianos, ya sean laicos, sacerdotes u obispos, que se presenten como ‘perfectos’, rígidos. Estad atentos porque el Espíritu de Dios no está en ellos. Les falta el espíritu de libertad. Por último, también invitó a “permanecer atentos con nosotros mismos”. (16-octubre-2018)

no les importaba la gente, sólo les importaba la Ley, los preceptos
ORACIÓN 

Señor, la palabra “fariseo” es una de las que más me molestan en el evangelio. Ellos, con apariencia de ferviente religiosidad, fueron los que más se enfrentaron contigo.  Se llamaban los “separados”, los que se preparaban para la venida del Mesías, los sabios frente a los ignorantes que no conocían la Ley. Despreciaban a los demás. Tú, Señor, los conocías muy bien cuando dijiste que eran como “sepulcros blanqueados”. Haz que yo sea sincero, humilde, que no me crea mejor que nadie. Haz que nunca sea fariseo. Amén 

Reflexión

El Señor perdonó todo tipo de pecadores: a los ladrones, a los mentirosos, a las prostitutas.  Pero no pudo con los fariseos, los que se creían mejores que los demás, los que se apoyaban en sus obras para comprar el cielo, los que se justificaban a sí mismos. En esa parábola del fariseo y el publicano Jesús los definió muy bien. El fariseo se presenta a decirle a Dios lo bueno que es y consigue hacer la oración más estúpida de toda la Biblia: “Gracias, Señor, porque yo no soy como los demás”. ¿Habrá cosa más bonita que ser como los demás? Ni más que nadie, con complejo de superioridad; ni menos que nadie con complejo de inferioridad. Todos iguales. Todos hermanos. Y lo peor de todo es que el fariseo despreciaba a los demás; en concreto a ese publicano que no hacía más que decir: “Ten piedad de mí. Soy un pecador”. Éste salió del templo justificado, es decir, justo, bueno, santo. El fariseo salió del templo con todos los pecados que tenía y uno añadido: el de soberbia. A Dios se puede ir de dos maneras: por las malas, (como el fariseo) en plan de exigencia o por las buenas, (como el publicano) en plan de indigencia. No es cuestión de “puños cerrados” sino de “manos abiertas”.

Autor:
José Hernando Gómez Ojeda, pbro.