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1-nov.-domingo de la 31.ª semana del T. O.

aquello que parece inconcebible en la gramática del mundo se llena de sentido y de luz en la cercanía del Reino de Dios. En los santos vemos cómo ese Reino se acerca

Alegre es esta mañana que nos regalas para vivir un nuevo mes que hoy iniciamos y lo hacemos colocados en tus manos con sentimientos de amor, de esperanza y de mucha fe. Confiamos en que será un mes demasiado bueno porque caminaremos contigo sirviendo a nuestros hermanos. 

Hoy nos regalas la hermosa fiesta de todos tus santos, aquellos a los que les premiaste su forma de ser, de obrar, de servir y de amar. Gracias, señor, porque en el testimonio de vida de cada uno de ellos vamos encontrando el sentido a nuestra vida y que no hay que buscar más de la santidad sino en el servicio, en el amor y la entrega y hacer el bien a nuestros hermanos. Nos muestras que los santos son gente como nosotros, pero tuvieron la valentía de ser diferentes, de hacer las cosas ordinarias de la vida a tu manera extraordinaria porque de Ti tomaron su valor. Ellos nos dan testimonio con su serena, pero fuerte amabilidad, su integridad, su entrega a Dios y a sus hermanos, trabajando por la justicia, la verdad y la paz. Hoy te pedimos la fuerza para seguirte como ellos lo hicieron. Inspíranos hoy con nuevas esperanzas en el futuro. Que nos percatemos, Señor, de que, con tu fuerza, hasta nuestros sueños más atrevidos pueden hacerse realidad, e incluso pueden ser superados: que la justicia, la bondad, la solidaridad, el servicio y el amor sean valores por los que valga la pena vivir, y que un día, tú corones tu propio trabajo en nosotros. Danos la humildad, la sencillez y la confianza que los santos tuvieron en ti para que al inicio de este mes nuestras obras y nuestras acciones sean bendecidos en tu presencia, que busquemos hablar bien de todos, hacer el bien a todos y pensar bien de todos. 

Un muy feliz y santificado Domingo para todos. Busquemos la santidad en las cosas pequeñas y sencillas y grandes a los ojos de Dios. 

PALABRA DEL PAPA

Las Bienaventuranzas traen consigo una nueva interpretación de la realidad. Son el camino y el mensaje de Jesús educador. A primera vista, parece imposible declarar bienaventurados a los pobres, a aquellos que tienen hambre y sed de justicia, a los perseguidos o a los trabajan por la paz. Pero, aquello que parece inconcebible en la gramática del mundo se llena de sentido y de luz en la cercanía del Reino de Dios. En los santos vemos cómo ese Reino se acerca y se hace presente en medio de nosotros. San Mateo, acertadamente, presenta las Bienaventuranzas como una enseñanza, proponiendo a Jesús como Maestro que transmite una nueva visión de las cosas y cuya perspectiva coincide con su camino. Las Bienaventuranzas, sin embargo, no son una enseñanza más, son la enseñanza por excelencia. Del mismo modo, el Señor Jesús no es uno entre tantos maestros, sino el Maestro por excelencia. Más aún, es el Educador por excelencia. Nosotros, sus discípulos, estamos en su escuela, aprendiendo a descubrir en su vida, es decir, en el camino que Él recorrió, un horizonte de sentido capaz de iluminar todas las formas de conocimiento (papa León XIV, Homilía, 1 de noviembre de 2025).

aprendiendo a descubrir en su vida [...] un horizonte de sentido capaz de iluminar todas las formas de conocimiento
ORACIÓN 

Jesús, hoy reconozco que solo en tus caminos encuentro la verdadera felicidad que no perece. Te pido perdón por no valorar el llamado a la santidad que me ofreces a través de tus Bienaventuranzas y por resistirme a cargar con mi cruz diaria con espíritu manso. Enséñame a tener hoy un corazón compasivo. Dame la valentía de soportar cualquier injuria por amor a tu nombre sin perder jamás la sonrisa ni la esperanza. Amén.

REFLEXIÓN 

Hoy es el día de todos los santos. Nos solo los santos proclamados por la Iglesia, sino los santos innominados que no necesitan reconocimiento oficial, pero que están reconocidos por el Padre Dios “que ve lo que hay en el corazón de cada uno”.  ¿Cuáles son las características de estos santos?  Veamos:

1.- Los santos son muchos (1. ª lectura). Algunas sectas interpretan los números al pie de la letra y dicen que sólo se salvan los ciento cuarenta y cuatro mil que dice la Biblia. Sin embargo, este un número simbólico que resulta de multiplicar doce (tribus de Israel) por doce (apóstoles) y añadir mil que indica plenitud. Por eso, el mismo texto dice al final que «era una multitud tan grande que nadie podía contar». Esto para nosotros es muy importante en este día. Si son tantos los santos que nadie puede contar… ¿No voy a estar yo entre ellos? ¿Y mi familia, y mis amigos, y, sobre todo, todos los amigos que tiene Dios?  Por eso hoy el pueblo fiel se desplaza al cementerio a visitar y a rezar a “sus santos”. El templo hoy se traslada al cementerio y cada sepultura queda convertida en un altar.

2.– Lo primero que se necesita para ser santo es dejarse amar por Dios (2. ª lectura). ¡Mirad qué amor nos ha tenido el Padre!… En este mundo hay cosas muy bellas que nos invitan a contemplarlas:  las montañas nevadas, los bosques, los mares, la sonrisa de los niños etc. Pero nada tan bello y digno de ser contemplado como “el amor que Dios–Padre nos tiene”. Lo primero para ser santo es “sentirse querido por Dios”.  En este maravilloso texto de Juan descubrimos un pasado, un presente y un futuro.

Pasado: Mirad que amor nos ha tenido. El mejor comentario lo hace san Pablo en la carta a los Efesios cuando dice: «Él nos eligió en Cristo antes de la fundación del mundo para que fuésemos santos e intachables ante Él por el amor». 

En Cristo todos tenemos una preexistencia. Antes de la creación del mundo el Padre nos ha visto ya en Cristo. Desde toda la eternidad todos hemos sido objeto de unos sueños eternos.

Presente. ¡Lo somos! Da la sensación de que el apóstol Juan no acabara de creérselo. Es como esos papás que han estado años esperando un hijo y por fin les llega. No caben de alegría y exclaman ¡Somos papás! ¡Lo somos! 

Futuro. «Aún no se ha manifestado lo que seremos». Para el apóstol el futuro va a ser mucho mejor que el presente y el pasado. Si un Padre, ya en este mundo, nos trata de esa manera ¿Qué hará con nosotros cuando lleguemos al cielo? De un Padre inmensamente poderoso e infinitamente bueno se puede esperar cualquier cosa. ¡Es tiempo de soñar! Una eternidad se pasó Dios soñando en nosotros. ¿Es mucho que nosotros nos pasemos este breve tiempo de la vida soñando en Él?  Sabemos que todos nuestros sueños se quedarán cortos.

3.– El santo es aquel que logra ser feliz ya en este mundo. (Evangelio).  Un Dios que tanto nos ama, no espera a que seamos felices sólo después de la muerte. Quiere que seamos felices ya en este mundo, y ya desde aquí, anticipemos la felicidad que nos espera. La causa de nuestra felicidad es que Dios está de nuestra parte. Los pobres pueden ser felices no porque carecen de medios sino porque tienen en su corazón a Dios como suprema riqueza. Y cuando Dios está en el corazón, cambia la vida de las personas: se pone la alegría no en acumular sino en compartir; no en dominar sino en servir; no en ser más importante sino en hacerse humilde, imitando así a Jesús que, cuando pronunciaba las bienaventuranzas, estaba expresando lo que Él estaba viviendo por dentro. Con la irrupción del Reino de Dios este mundo cambiará y los pobres sociológicos serán acogidos como hijos del Padre bueno y hermanos de los que han puesto en sus corazones a Dios como Rey.

PREGUNTAS

El hecho de ser muchos los que se salvan, ¿me anima a mí a trabajar por conseguir la santidad?

¿Estoy convencido de que el camino auténtico para ser santo es dejarme amar por Dios? ¿Es esto tan difícil?

¿Estoy convencido de que Dios quiere que seamos felices ya en esta vida? 

¿Estoy dispuesto a experimentarlo siguiendo a Jesús?

Autor:
José Hernando Gómez Ojeda Pbro.